miércoles, 8 de abril de 2026

¿Sirve de algo tomar suplementos nutricionales?

Cada vez con más frecuencia me preguntan conocidos, amigos, familiares y pacientes sobre la utilidad real de los suplementos nutricionales. Estos productos están de moda, generadores de contenido e influencers los promocionan en sus RRSS. Tanta información es abrumadora, ya no sabemos a quien creer. Es por esto que me he decidido a escribir esta entrada aclaratoria al respecto. Espero sirva a los lectores en sus dudas. 

¿Sirven realmente los suplementos nutricionales? Lo que dice la evidencia

Los suplementos vitamínicos y minerales forman parte de la vida cotidiana de millones de personas. En muchos países más de la mitad de los adultos los consumen con la idea de mejorar su salud, prevenir enfermedades o compensar posibles carencias en la dieta. Sin embargo, cuando se analizan los datos científicos con detalle, la realidad es bastante más matizada.

En la población general: pocos beneficios demostrados

En adultos sanos sin déficits nutricionales conocidos, la evidencia científica muestra que los suplementos tienen beneficios limitados o nulos para prevenir enfermedades cardiovasculares o cáncer.

De hecho, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF) recomienda no utilizar suplementos de betacaroteno ni vitamina E para la prevención de enfermedades, y considera que no hay evidencia suficiente para recomendar multivitamínicos u otros suplementos individuales en adultos sanos.

Un gran metaanálisis que incluyó 84 estudios con más de 700.000 participantes encontró que los multivitamínicos se asociaban con una ligera reducción en la incidencia de cáncer, pero sin efecto en la mortalidad ni en las enfermedades cardiovasculares. Es decir, el impacto clínico real parece ser mínimo.

Además, algunos suplementos pueden incluso ser perjudiciales. Por ejemplo:

  • Betacaroteno: aumento del riesgo de cáncer de pulmón, especialmente en fumadores.

  • Vitamina A: mayor riesgo de fracturas de cadera.

  • Vitamina E: aumento del riesgo de ictus hemorrágico.

  • Vitamina C o calcio en exceso: mayor riesgo de cálculos renales.

Otro aspecto interesante es que las personas que consumen suplementos suelen tener mejor dieta y estilos de vida más saludables, lo que sugiere que quienes menos los necesitan son, paradójicamente, quienes más los utilizan.

En términos prácticos, la evidencia actual respalda un mensaje sencillo: una dieta equilibrada sigue siendo la mejor fuente de micronutrientes para la mayoría de la población.

Situaciones en las que sí son necesarios

Aunque en la población general los suplementos no suelen aportar beneficios claros, existen situaciones específicas en las que sí son esenciales.

1. Embarazo y lactancia

Durante el embarazo las necesidades de algunos micronutrientes aumentan de forma importante. Por ello, la suplementación es una práctica ampliamente recomendada.

Entre los nutrientes clave destacan:

  • Ácido fólico, especialmente antes de la concepción y en el primer trimestre.

  • Hierro, para prevenir anemia materna.

  • Yodo, fundamental para el desarrollo neurológico fetal.

  • Vitamina D y calcio, relacionados con salud ósea.

  • DHA (omega-3), importante para el desarrollo cerebral del feto.

Las vitaminas prenatales suelen contener al menos 400 microgramos de ácido fólico, 30 mg de hierro y 400 UI de vitamina D, aunque no todos los suplementos disponibles cubren de forma óptima todos los nutrientes necesarios.

2. Dietas vegetarianas y veganas

En personas que siguen dietas estrictamente vegetarianas o veganas hay un nutriente cuya suplementación es imprescindible: la vitamina B12.

La B12 se encuentra prácticamente solo en alimentos de origen animal, por lo que su déficit es frecuente si no se utilizan suplementos o alimentos fortificados.

Además, estas dietas requieren prestar especial atención a otros nutrientes como:

  • vitamina D

  • hierro

  • calcio

  • yodo

  • zinc

  • omega-3 (EPA y DHA)

3. Personas mayores

En adultos mayores, especialmente aquellos con baja exposición solar o institucionalizados, la combinación de vitamina D y calcio puede reducir el riesgo de fracturas.

Sin embargo, en adultos mayores sanos que viven en comunidad, la suplementación rutinaria con dosis bajas de vitamina D y calcio no ha demostrado beneficios claros y puede aumentar el riesgo de cálculos renales.



Visto lo anterior, ahora entraremos en otro tema controvertido, su uso y utilidad en personas que hacen deporte.

Suplementos deportivos: cuáles tienen realmente evidencia científica

El mercado de los suplementos deportivos mueve miles de millones de euros cada año. Proteínas, preentrenos, bebidas energéticas, cápsulas “milagro”… la oferta es enorme. Sin embargo, cuando se analiza la literatura científica con rigor, la conclusión es clara: solo unos pocos suplementos han demostrado de forma consistente mejorar el rendimiento deportivo.

Los consensos de organismos internacionales, como el Comité Olímpico Internacional o la International Society of Sports Nutrition, coinciden en señalar que la mayoría de los suplementos disponibles carecen de evidencia sólida. Por ello, la recomendación general es priorizar siempre un enfoque de “alimentos primero”, es decir, cubrir las necesidades nutricionales a través de una dieta equilibrada antes de considerar la suplementación.

Entre los suplementos con evidencia científica más consistente destacan creatina monohidrato, cafeína, nitratos dietéticos y algunos agentes tamponadores como la beta-alanina o el bicarbonato de sodio. Veamos qué dice la ciencia sobre cada uno de ellos.


Creatina: el suplemento ergogénico mejor estudiado

La creatina monohidrato es probablemente el suplemento deportivo con mayor respaldo científico. Su eficacia está especialmente demostrada en ejercicios de alta intensidad y corta duración, como levantamiento de pesas, sprints o deportes que requieren explosividad.

Su mecanismo es bien conocido: aumenta las reservas musculares de fosfocreatina, lo que facilita la resíntesis rápida de ATP, la principal moneda energética del músculo durante esfuerzos intensos.

Los estudios muestran que la creatina puede:

  • mejorar la fuerza y la potencia muscular

  • aumentar la masa muscular magra

  • reducir el daño muscular inducido por el ejercicio

  • acelerar la recuperación entre sesiones de entrenamiento

El protocolo más habitual consiste en una fase de carga de 0,3 g/kg/día durante 3-7 días, seguida de una fase de mantenimiento de 3-5 g diarios.

Aunque su efecto sobre el rendimiento de resistencia pura es limitado, puede resultar útil en deportes de resistencia con cambios de ritmo o sprints finales, como ciclismo de montaña, remo o triatlón.

En general, la creatina se considera segura incluso a largo plazo, siendo el efecto secundario más frecuente la ligera ganancia de peso por retención de agua intramuscular.


Cafeína: un clásico con evidencia sólida

La cafeína es otro de los suplementos con mayor evidencia ergogénica. Numerosos estudios y metaanálisis han demostrado que mejora el rendimiento en distintos tipos de ejercicio.

Entre sus efectos destacan:

  • mejora de la resistencia aeróbica

  • aumento de la fuerza y potencia muscular

  • mejora de la velocidad y capacidad de salto

  • mayor alerta, atención y función cognitiva

La dosis ergogénica más estudiada se sitúa entre 3 y 6 mg/kg de peso corporal, consumida entre 30 y 60 minutos antes del ejercicio.

Por ejemplo, para un atleta de 70 kg esto equivaldría aproximadamente a 200-400 mg de cafeína, aunque dosis más bajas (alrededor de 2 mg/kg) también pueden producir efectos beneficiosos.

Curiosamente, el consumo habitual de cafeína no parece reducir su efecto ergogénico agudo, aunque en algunos casos puede afectar al sueño si se toma antes de competiciones vespertinas.


Proteína: clave para recuperación y adaptación

A diferencia de otros suplementos, la proteína no actúa directamente como ergogénico, sino que favorece la adaptación al entrenamiento y la recuperación muscular.

La mayoría de las guías científicas recomiendan para atletas una ingesta diaria de 1,4-2,0 g de proteína por kg de peso corporal, suficiente para optimizar la síntesis de proteína muscular.

En situaciones de restricción calórica, como fases de definición en deportes de fuerza, la ingesta puede aumentar hasta 2,3-3,1 g/kg/día para preservar la masa muscular.

También parece importante el momento de ingesta. Consumir aproximadamente 20-40 g de proteína de alta calidad tras el entrenamiento favorece la síntesis de proteína muscular.

En general, las fuentes alimentarias completas deben ser la primera opción, aunque los suplementos proteicos pueden resultar útiles cuando la ingesta a través de alimentos no es práctica.


Beta-alanina y bicarbonato: tamponadores del esfuerzo intenso

Durante ejercicios de alta intensidad se acumulan iones de hidrógeno en el músculo, contribuyendo a la fatiga. Algunos suplementos actúan aumentando la capacidad de tamponamiento, retrasando ese proceso.

La beta-alanina, consumida en dosis de 3-6,4 g diarios durante al menos cuatro semanas, aumenta el contenido muscular de carnosina, mejorando la capacidad de tamponamiento intracelular.

Este suplemento ha mostrado beneficios especialmente en esfuerzos intensos de 1 a 4 minutos, como:

  • ciclismo de 4 km

  • remo de 2000 m

  • natación de 100-200 m

  • deportes de combate

El principal efecto secundario es una sensación de hormigueo en la piel (parestesia), generalmente inocua.

Por su parte, el bicarbonato de sodio actúa como tamponador extracelular. En dosis de 0,3 g/kg de peso corporal, puede mejorar el rendimiento en ejercicios de alta intensidad de 30 segundos a 10 minutos.

Su principal limitación es el malestar gastrointestinal, relativamente frecuente con las dosis efectivas.


Nitratos dietéticos: eficiencia metabólica

Los nitratos dietéticos, presentes en alimentos como la remolacha, han despertado gran interés en los últimos años.

Estos compuestos pueden:

  • reducir el coste de oxígeno del ejercicio

  • mejorar la eficiencia muscular

  • aumentar el tiempo hasta el agotamiento

La dosis aguda más utilizada es de 5-15 mmol de nitratos, equivalente aproximadamente a 500 ml de jugo de remolacha, consumidos unas 2-3 horas antes del ejercicio.

Su efecto parece ser más evidente en ejercicios de 2 a 10 minutos de duración.

Un detalle interesante es que los enjuagues bucales antibacterianos pueden reducir su eficacia, ya que las bacterias de la cavidad oral participan en la conversión de nitratos en nitritos, paso clave en su mecanismo de acción.


Un mensaje clave: suplementos sí, pero con criterio

A pesar de la enorme oferta de suplementos deportivos, la evidencia científica respalda solo a un número reducido de ellos. Además, incluso los suplementos con evidencia sólida producen mejoras relativamente modestas en comparación con factores fundamentales como el entrenamiento, la nutrición o el descanso.

Por ello, los expertos insisten en tres principios básicos:

  • Priorizar los alimentos antes que los suplementos.

  • Individualizar la suplementación, ya que la respuesta varía entre personas.

  • Evitar productos no certificados, por el riesgo de contaminación con sustancias prohibidas en el deporte.

En definitiva, los suplementos pueden ser una herramienta útil, pero nunca deben sustituir los pilares reales del rendimiento deportivo: entrenamiento adecuado, nutrición equilibrada, descanso y planificación inteligente.

Tomar suplementos sin hacer deporte no nos hará tener un six-pack ni nos transformará en superman o superwoman, eso requiere esfuerzo y constancia.


Un mensaje clave: primero la alimentación

La idea de que tomar una cápsula puede compensar una dieta desequilibrada resulta atractiva, pero la ciencia sugiere que no existe un atajo nutricional.

Para la mayoría de las personas, la mejor estrategia sigue siendo:

  • una dieta variada y equilibrada

  • abundancia de frutas, verduras, legumbres y alimentos integrales

  • actividad física regular

  • evitar el tabaco

  • mantener un peso saludable

Los suplementos pueden ser útiles en situaciones concretas, pero no sustituyen una alimentación saludable ni garantizan por sí solos una mejor salud.

En definitiva, antes de empezar a tomar cualquier suplemento conviene hacerse una pregunta sencilla: ¿realmente lo necesito o simplemente parece una buena idea?

En muchos casos, la respuesta científica es clara: probablemente no.

jueves, 21 de marzo de 2019

Mazamorra: algo más que un salmorejo sin tomate.




  Esta es la historia de la mazamorra, la "abuela del salmorejo". Tras varios miles de años haciendo un majado de pan, almendra, ajo, aceite de oliva, vinagre, sal y agua para alimentar la boca de cientos de miles de cordobeses, llegó la moda de incorporar tomate a la receta a finales del siglo XIX. Habían pasado cuatro siglos desde su llegada de América, aún se seguía usando como planta ornamental para adornar jardines, y poco a poco se había perdido el miedo a la ficticia toxicidad de sus frutos (que no de sus hojas). El tomate se puso de moda, una planta resistente al calor estival y con pocas necesidades de agua, ideal para el clima del sur de la península. Barato de producir, con un sabor intenso (y no como el que venden ahora en los supermercados) y que daba un color llamativo al incorporarlo a cualquier plato. Entonces, la mazamorra calló en el olvido.

  Existe registro del uso en la Roma Clásica de una receta parecida a la mazamorra  (De re Coquinaria, Apicio, siglo I) pero sin almendra. Maza proviene del griego maza (masa), el mismo prefijo que empleamos para el término mazapán. De hecho, durante varios siglos llamaron mazamorra a la masa espesa con la que alimentaban a los remeros presos de los galeones (galeotes). Así llego a América donde está muy expandida con diferentes recetas que comparten su características consistencia espesa. Y de allí vino el tomate para incorporarse a la receta primitiva y hacer famoso internacionalmente al salmorejo. Así, como en el flamenco, el salmorejo sería un plato de ida y vuelta.




  La receta fácil de mazamorra lleva a partes iguales almendras, pan duro remojado en agua y aceite de oliva, añadiendo ajo, vinagre y sal al gusto de cada uno. La mazamorra es un plato consistente y calórico (400 Kcal/100 g) a expensas fundamentalmente de grasa (13 g/100 g) y carbohidratos (19 g/100 g), lo que por el contrario la hacen muy apetecible al gusto, de ahí su éxito gastronómico actual. A esto habría que añadir el aporte energético y de nutrientes de los alimentos que habitualmente se emplean para servirla: más pan, aceitunas, huevo duro, jamón curado, etc...

  La mazamorra se creó para alimentar al pueblo cuando nuestra actividad física diaria estaba acorde con nuestra ingesta. Llegó a permitir que los galeotes resistieran largas y extenuantes jornadas de actividad física impensables actualmente, y que serían la pesadilla o sueño de nuestros queridos crossfiteros. Hoy en día, y en plena epidemia de obesidad, cada cucharada de mazamorra es una "saludable bomba energética" a tener en cuenta para cualquier persona con deseo de mantener o conseguir un peso normal.



Desde este blog se promueve una alimentación consciente y saludable. Ofrecer la mejor información posible en términos asequibles permite mayor libertad en la toma de decisiones sobre la ingesta diaria. 






Si quiere estar actualizado, pinche aquí.


Si quiere conocer más sobre Educación Nutricional, pinche aquí.


Si desea adquirir, viva donde viva, su ejemplar de Educación Nutricional, pinche aquí.

Si desea atención personalizada sobre su situación, viva donde viva, ahora es posible.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Joyas nutricionales secretas (3): habas


  Llevamos comiendo habas (sí, escritas con “b”) unos 25.000 años con seguridad, y posiblemente mucho más. Así, las habas llegaron a Europa mucho antes que las judias o habichuelas, siendo consumidas desde las primeras civilizaciones euroasiáticas hasta nuestros días. Sin embargo, la mayoría de las judías, habichuelas o frijoles que empleamos actualmente son variedades evolucionadas desde ancestros americanos llegadas a partir de 1492. Las habas estaban antes, como decíamos, desde el principio. Así, comerse unas habas es degustar un plato de historia.

  De las favas de la Roma Clásica nos llega la costumbre de meter un haba en el roscón de Reyes para indentificar al afortunado, una modificación de la tradición de dar una fava al Rey de fiestas de las saturnales (precuela de la Navidad). Las habas alimentaban al ganado pero también al pueblo, especialmente cuando la cosecha de cereales era menor de lo esperado y la harina de estas leguminosas se utilizaba hasta para hacer pan.

 Las fechas de la Saturnalia (algunas acaban en orgías) fueron adoptadas por el Cristianismo para facilitar la conversión de la población.

  Las habas fueron sustituídas progresivamente por los frijoles americanos a partir del siglo XVI, como la patata hizo con la chirivía, pero esta es otra historia.

Habas, auténticas joyas nutricionales:
 
  Las habas han nutrido durante milenios porque son una buena fuente de energía aportando (por 100 g) unas 300 Kcal, con 1/4 parte de proteínas y 1/3 de carbohidratos fundamentalmente complejos (1/4 del peso total es fibra). La poca grasa que contienen (poco más de 2 g por cada 100 g de producto) es a expensas fundamentalmente de ácidos grasos insaturados, cuya ingesta se ha relacionado con la reducción del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Además, son ricas en el complejo vitamínico B (excepto B12), así como vitaminas A y K, sin olvidar su aporte en potasio, hierro y calcio.

  Es decir, su composición es similar a otras legumbres aunque aportan un discreto menor porcentaje de calorías. Ya hemos visto como tomar legumbres regularmente, me refiero a casi todos los días, es una de las mejores modificaciones que podemos hacer en nuestra alimentación para mejorar la salud, especialmente para no padecer en el futuro infartos cardíacos o cáncer de colon.

  Recomiendo leer la entrada de legumbres para afianzar el conocimiento de sus beneficios y como la industria alimentaria nos induce a comer carne y pescado como fuente de proteínas en la dieta para obtener mayores beneficios económicos (pinche aquí).

Desde este blog se promueve una alimentación consciente y saludable. Ofrecer la mejor información posible en términos asequibles permite mayor libertad en la toma de decisiones sobre la ingesta diaria. 



Si quiere estar actualizado, pinche aquí.




Si quiere conocer más sobre Educación Nutricional, pinche aquí.


Si desea adquirir, viva donde viva, su ejemplar de Educación Nutricional, pinche aquí.

Si desea atención personalizada sobre su situación, viva donde viva, ahora es posible, pinche aquí.

miércoles, 4 de julio de 2018

La "dieta del chiringuito"



  Y llegaron de nuevo las vacaciones, meses de preparativos en la ofensiva de la operación bikini serán ilógicamente sacrificados en apenas unas semanas para saciar nuestros apetitos más básicos y que se convierta en realidad el dicho "si no engordas en vacaciones es que no te lo has pasado bien".
  Esta línea de pensamiento parte de un triple error básico conceptual en la forma de entender el estado de salud, las actividades para llevar un estilo de vida saludable y el modelo vacacional habitual. Partamos del peor escenario posible, no se ha cuidado todo lo que debería en los últimos meses y ha vuelto a organizar unas vacaciones a su estilo habitual, de esas que sabe que va a engordar. A continuación encontrará unas herramientas prácticas para evitar que otro año más engorde en vacaciones.
  
  Por fin no tiene que madrugar para trabajar, no tiene prisa, y se plantea desayunar bien y con tranquilidad. Una idea fantástica, sobre todo si habitualmente más que desayunar lo que hace es engullir, una obligación más antes de ir a trabajar. Desayunar o no es una decisión más a tomar en su modelo alimentario, sobre esto debatimos mucyho en esta otra entrada. Si opta por lo primero tenga en cuenta que desayunar mejor no significa desayunar más, esto es especialmente importante si ya padece un exceso de peso. En vacaciones puede dedicarle 20 ó 30 minutos a preparar una de las comidas más importante del día, sin necesidad de mirar el reloj, ahora no hay prisas. La composición del desayuno ideal varía por modas y según las ideas en nutrición del que aconseja. Para nuestra cultura el desayuno ideal incluye zumo de naranja, café con leche y tostadas. A este respecto modificaría el zumo por una pieza de fruta (puede ser una tajada de sandía o melón), cambiaría el pan refinado por integral (el de verdad, nada harina refinada con salvado añadido), manteniendo el resto siempre que lo que se ponga sobre la tostada no sea una bomba calórica (pe. chorreón largo de aceite, sobrasada, jamón, queso curado, tortilla de patatas, etc. o la combinación de los anteriores). Uno de los mejores alimentos para acompañar en Verano al pan es el tomate, es la temporada y su composición es ideal para combatir los rigores del clima. Si quiere saber más sobre cómo mejorar su desayuno pinche aquí.

  Si pasan más de tres horas entre el desayuno y el aperitivo o la comida, puede tomar otra pieza de fruta. Sería la segunda del día, y con esto ya supera más de la mitad de las recomendaciones sobre la ingesta diaria de frutas y verduras. ¡Enhorabuena! Aún no ha pasado el mediodía o la una de la tarde, y ya ha tomado dos piezas de fruta.


  Y llega el aperitivo, momento crucial porque es cuando hay más riesgo de perder el control sobre la ingesta. Comienza la "dieta del chiringuito" y aquí van los consejos:
1. El limite está en una bebida y una tapa o ración compartida. Más de eso es comer, y entonces ya no será necesario que tome nada en casa.
2. Bebida: mejor escoger zumo o refrescos light o cero calorías. Si va a tomar alcohol, cosa que no le recomiendo, elija tinto de verano (solo casera con poco vino) frente a cerveza.
3. La tapa o ración acompañante preferiblemente de verdura, pescado o marisco. Nada de las típicas tapas de patatas fritas, aceitunas, tortilla de patatas, patatas ali-oli o bravas, ensaladilla rusa, croquetas, etc. Ejemplos de lo anterior sería: salpicón, tomate aliñado, calamares o pulpo a la plancha o a la brasa, mejillones, almejas o berberechos al vapor, etc.
  No hay pan, palillos, ni gin-tonics (que hay gente para todo), y sobre todo nada de pedir la segunda ronda.

  Con una ingesta como la anterior, casi llega a la mitad de lo que debería ser su comida normal de mediodía. Por lo que si ya ha pasado por el chiringuito, no se plantee esta comida como una nueva, sino como la prolongación de lo que comido en el chiringuito. No es volver a comer, sino completar con algo más. Aquí es donde tiene a su disposición todos los productos en temporada de la huerta y si veranea en la costa, el pescado fresco. Aplace el postre a la merienda, verá como lo disfruta más.

  Las meriendas se asocian a sabores dulces, aunque dulce no equivale a producto elaborado industrialmente. Se puede recurrir a repostería tradicional con productos naturales, o aún mejor, tirar de recetas más refrescantes: té helado, café helado, yogur, sorbetes de frutas, etc.
  La cena y las cañas-vinos-tapas previos a la cena se pueden montar de forma parecida al periodo de mediodía, teniendo en cuenta que durante la noche pasaremos varias horas acostados y no será necesario tomar tantos alimentos. Una ensalada o verdura es la base sobre la que montar cualquier cena ligera que no le haga pasar una noche difícil y despertar con resaca "grasa".



  En segundo lugar, junto con la alimentación, se sitúa la posibilidad de comenzar o incrementar su actividad física. Esto es tan importante como el concepto de comer mejor. En vacaciones tiene más tiempo para su autocuidado, así que puede dedicarse al menos 30 minutos diarios para realizar algún deporte que le guste, con diferente intensidad según su forma física previa.




  Si sigue las recomendaciones anteriores, no sólo será más probable que no engorde estas vacaciones, sino que podrá volver aún más en forma que al irse. Estar de vacaciones no tiene que significar relajar sus hábitos de vida, todo lo contrario, puede convertirse en una opurtunidad para mejorar su estado de salud, para cuidarse más.


Desde este blog se promueve una alimentación consciente y saludable. Ofrecer la mejor información posible en términos asequibles permite mayor libertad en la toma de decisiones sobre la ingesta diaria. 



Si quiere estar actualizado, pinche aquí.



Si quiere conocer más sobre Educación Nutricional, pinche aquí.


Si desea adquirir, viva donde viva, su ejemplar de Educación Nutricional, pinche aquí.

Si desea atención personalizada sobre su situación, viva donde viva, ahora es posible, pinche aquí.

lunes, 7 de mayo de 2018

¿Qué pasa cuándo su hijo se come una bolsa de gusanitos?


  Comprarle a su hijo una bolsa de gusanitos puede parecer un acto simple, habitual y con el que no va a pasar a nada. Sin embargo, en la cabeza del que lo hace queda el resquemor al dar a nuestro ser más querido algo que, en el fondo sabemos o a veces nos han dicho, no es sano. Sin embargo, perpetuamos esta actividad con las semanas, meses y años, hasta que se hacen lo suficientemente mayores para administrar su paga y que sean ellos los que se lo compren.
  En esta ocasión vamos a describir como un puñado de gusanitos interacciona con el organismo de nuestro hijo, para que los menos preocupados, aquellos que piensan que no les va a pasar nada o que por una vez tampoco ocurre nada malo, se lo piensen dos veces la próxima vez que vayan a darle una bolsa de gusanitos a su hijo.

Los gusanitos se engloban dentro del grupo de los snacks salados,
su composición nutricional es similar.

Primeras sensaciones:
  Tras el primer puñado a la boca nuestro hijo nota una intensa sensación a delicioso sabor salado. Uno de los aditivos más importantes y habituales en estos productos es el glutamato, de este potenciador del sabor ya hemos hablado en este blog. El glutamato es responsable del quinto sabor, el umami (sabroso), que hace muy apetecible cualquier alimento que lo contenga, fomentando que repitamos su ingesta. El glutamato monosódico (E621) es empleado intencionadamente por la industria alimentaria para favorecer la adicción a determinados productos. Está descrito que los niños con exceso de peso ingieren más snacks umami que aquellos con peso normal. El glutamato de los gusanitos excita al instante la corteza cerebral de nuestro hijo produciendo una potente y sabrosa sensación, un subidón al que es fácil que se enganche.
  Junto a este sabor, se acompaña de un gusto salado justificado por el alto contenido en sodio de estos snacks. Los gusanitos tienen tanta sal que una sola bolsa pequeña contiene ya una tercera parte de la ingesta diaria máxima aconsejada para un niño. Teniendo en cuenta que los niños comen más cosas, a parte de gusanitos, no es de extrañar que la mayoría (85%) de los niños sobrepasen los límites establecidos para consumo diario de sodio. Evolutivamente,  tendemos a consumir productos salado. Nuestros hijos lo único que hacen prefiriendo cosas saladas es mostrar esa apetencia innata que traen por naturaleza. Si se acostumbran a este sabor de pequeños estaremos criando adultos que toleren altos contenidos en sal en su dieta, y por tanto, potencialmente a futuros hipertensos y personas con problemas cardiovasculares.
  Este es el momento en el que su hijo mete y mete más gusanitos en su boca, transformándose en un engullidor nato, y piensa que como puede ser que se coma esto así de fácil, con lo que lía cuando le dice que tiene que tomar fruta o verdura.

La boca llena de gusanitos:
 
  Tras esta deliciosa explosión salada viene la alta palatabilidad generada por las grasas, el regusto untuoso generado por la alta concentración en grasas de los gusanitos. Si al menos la grasa fuese saludable no habría tanto problema, pero las grasas empleadas en la elaboración de estos productos son en muchas ocasiones "de origen vegetal", y ya sabemos lo que hay detrás de esta indicación, barato aceite de palma, a sabiendas que podrían estar hechos con otros aceites de mayor calidad y que han demostrado un claro beneficio sobre la salud (p.e. aceite de oliva).
  La masa de gusanitos apenas masticados es tragada rápidamente por su hijo, que no deja de meter más y más en su boca, ¿cómo puede ser que algo tan pequeño pueda comer de semejante forma?.

Sensaciones mientras acaba la bolsa:
 
  Y finalmente, el subidón de azúcares. El mayor componente de los gusanitos (3/4 partes) son los carbohidratos simples provenientes del maíz. Los gusanitos masticados forman en la boca de nuestro hijo una cremosa masa rica en azúcares simples lista para producir en pocos minutos la segunda ola estimulatoria en sus cerebros, la de la elevación de los niveles de glucosa en la sangre.

  A estas alturas la bolsa de gusanitos se ha acabado, su hijo le mira, le pide, le suplica que le compre más, y usted responde "no hijo, ya han sido muchos, te has comido toda la bolsa". Le ofrece agua, que el niño normalmente no niega porque tanta sal hay que diluirla. Mientras usted, para sus adentros piensa: mañana será otro día.

  Después de leer esto, ¿acaso le extraña que su hijo le vuelva a pedir gusanitos mañana?.

  Por último le invito a que considere el precio que paga por que su hijo se coma estos productos superfluos, estos "OCNIs" (objetos comestibles no identificados). El kilo de gusanitos se paga a unos 10-12€, que no vemos así porque las bolsas son pequeñas, el mismo precio de un Kg de langostinos. Nos venden maíz ultraprocesado al cuádruple de su precio original. Los gusanitos no solo son insanos si no que además son caros.



Si quiere estar actualizado, pinche aquí.

Síganos en facebook, pinche aquí.

Si quiere conocer más sobre Educación Nutricional, pinche aquí.

Si desea adquirir, viva donde viva, su ejemplar de Educación Nutricional, pinche aquí.

Si desea atención personalizada sobre su situación, viva donde viva, ahora es posible, pinche aquí.