jueves, 28 de mayo de 2015

10 consejos para comer sano durante el embarazo y la lactancia



1. Es un momento ideal para comer mejor, no para ponerse a dieta. No hay que comer por dos sino comer el doble de bien.
2. Tomar fruta y hortalizas a diario, tres piezas de fruta y un plato de verdura-hortaliza es el eje sobre el que centrar tu alimentación. Lava a conciencia la fruta y hortalizas, que no tengan pesticidas ni "bichos".
3. No tomes carne o pescado crudo. Tampoco pescados azules de gran tamaño (su grasa está intoxicada de mercurio).
4. Las legumbres son la carne o el pescado más sano que existe. Tienen tanto hierro como la carne pero con más fibra que facilitará que visites el baño sin problemas. Esto no quiere decir que no sea bueno comer carne o pescado, que lo es, pero no hace falta comerlos todos los días.
5. Los frutos secos crudos, tostados y sin sal, 3 ó 4 puñados diarios. Una estupenda fuente de calcio, hierro y fibra.
6. Lacteos desnatados o frescos, la vida es muy larga para tomar cosas con grasas saturadas.
7. Mantente hidratada, mínimo 2 litros de agua al día, y que sea de verdad. La botella de 2 litros es una estupenda forma de marcarte ese umbral.
8. Revisa las etiquetas, ni un aditivo estos meses en los que se forma tu hijo. Cada una de sus moléculas ha pasado en algún momento por tu boca. Así que bollería industrial y similares fuera, ni comprarla. No comas aquello que no sabes lo que es.
9. Veinte minutos diarios de sol directo para sintetizar suficiente vitamina D. Los huesos de tu hijo están en formación, si es dando un paseo mucho mejor. Evidentemente esto no es una comida, pero influye con diferencia en tus niveles de vitamina D.

Y si te gusta, te sientes más sana, aplicatelo el resto de tu vida. Tu hijo no hará o comerá lo que tu le digas, si no lo que te vea hacer o comer. Conviértete en su mejor ejemplo.

miércoles, 27 de mayo de 2015

¿Beber cerveza y no engordar?


  Tomar unas cañas con los amigos, disfrutar de una cerveza con tranquilidad, refrescarse con una cerveza casi helada, sin duda, placeres de la vida para cualquiera. En esta ocasión revisaremos de manera práctica qué nos ofrece esta frecuente dinámica sociocultural respondiendo a unas preguntas:

¿Cuánto "engorda" la cerveza?, ¿mucho o poco?

  La cerveza es un líquido derivado de fermentación alcohólica de diversos cereales (cebada malteada, trigo, arroz, etc.). La energía que aporta la cerveza proviene del alcohol y de los macronutrientes que contiene, principalmente carbohidratos y algo de proteínas. El contenido alcohólico es el principal factor responsable de las calorías de la cerveza. De esta forma, la gradación de cada cerveza en cuestión, marca su contenido energético, cumpliendo la norma de a más alcohol más energía. Las calorías dependientes del alcohol se calculan con la siguiente fórmula para cada 100cc de cerveza:

Gradación alcohólica de la bebida x 0.8 g/mL (factor de corrección para la densidad alcohólica) x 7 Kcal/g

  Por ejemplo, para una cerveza habitual de 5 ó 6 grados de alcohol: 

5-6% x 0.8 x 7 = 28-34 Kcal/100 cc

  O para otra típica de doble fermentación de 8 grados:

8% x 0.8 x 7 = 45 Kcal/100 cc

  Y esto solo el alcohol, ahora habría que añadir la cantidad de energía que aportan los 4 g de carbohidratos y proteínas que contienen (es un derivado cereal) cada 100 g de cerveza. Es decir, otras 16 Kcal, que sumado a lo anterior de nuestra cerveza de 5-6 grados hacen unas 45-50 Kcal por cada 100 cc. De forma más práctica para nuestro ejemplo de cerveza con 5 ó 6 grados de alcohol:

- un quinto (200 cc): 90-100 Kcal
- una caña (250 cc):110-125 Kcal
- un tercio (330 cc): 150-165 Kcal 
- una pinta inglesa (568 cc): 255-285 Kcal
- una pinta americana (473 cc): 210-235 Kcal

  Como acabamos de ver, diferentes gradaciones dan diversas energías, el alcohol aporta aproximadamente 2/3 partes de las calorías totales de la cerveza. La cerveza "sin alcohol" (<1% de alcohol en España) ó "0" sigue teniendo 15-25 Kcal/100 cc que salen de los macronutrientes de los cereales de partida, y en menor lugar del alcohol (para las "sin alcohol"). Es decir, aproximadamente entre una tercera parte y la mitad de energía que las originales cervezas con alcohol.

  La cerveza "light" tiene que tener una reducción mínima del 30% de energía respecto a la cerveza original de la que derive. La cerveza "light" puede o no tener alcohol, normalmente tienen una gradación de 2.5-3.5%. Así que la cerveza "light" suele tener alcohol, aunque aporta solo unas 20-30 Kcal/100 cc, algo parecido a las cervezas "sin alcohol" o "0". Es decir, las cervezas "sin alcohol" o "0" son además "light", solo que esto no se publicita porque puede generar en el consumidor el sentimiento de que no son tan fuertes o auténticas como la cerveza original.

  Aparte de esto, la cerveza tiene poco más desde el punto de vista nutricional, cantidades mínimas del complejo vitamínico B y algunos electrolitos estándar.

  La cerveza puede tomarse sola o acompañada de comida. En España es costumbre tomarla junto a tapas y pinchos, debiendo sumarse a lo anterior la energía y nutrientes que tienen estos. Los más frecuentes son aceitunas, patatas fritas de bolsa, tortilla de patatas, croquetas, empanada, embutidos y queso, tan apetecibles como poco recomendables para mantener la línea.



Dos "jarritas" de medio litro o cuatro cañas de cerveza son unas 500 Kcal.

  Si la cerveza "engorda" mucho o poco dependerá de con qué se compare. Veamos algunas similitudes con otras alternativas frecuentes de consumo: 
- un tercio de cerveza aporta una cantidad de energía similar a una lata de refresco azucarado (cola, naranja, limón, etc) o un vaso de vermú.
- un quinto de cerveza es similar a una copa de vino o un vaso de zumo de naranja.
- la cerveza y la sidra aportan una cantidad de energía parecida.

  Una forma de hacerse la idea de lo que "engorda" la cerveza es imaginar que estamos bebiendo pan líquido diluido a una quinta parte del peso original del pan.

¿Y todo esto que repercusión tiene en el organismo?

  Curiosamente, el consumo diario de menos de medio litro de cerveza no se asocia a mayores índices de obesidad. ¿Cómo puede ser que beber regularmente casi 250 Kcal diarias no engorde?: la evidencia apunta a la restricción en el aporte energético de otros grupos alimentarios, un clásico de "las gallinas que entran por las que salen", algo parecido a como ocurre con consumidores habituales de frutos secos.
  Sin embargo, el consumo regular de más de medio litro de cerveza diario sí se asocia a mayor riesgo de sufrir obesidad.

¿Pero tiene algún efecto beneficioso?

  El alcohol que contiene la cerveza es un efectivo vasodilatador, por esto y por el efecto saludable de sus polifenoles (como en el vino) reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El alcohol contenido en 2 tercios o latas de cerveza o una pinta inglesa (25 g) reduce el riesgo de desarrollar estas complicaciones.

¿Efectos perjudiciales?, ¿cuáles?

  La cerveza es un medio para la adicción alcohólica, produce graves alteraciones en el hígado como hepatitis y cirrosis alcohólica, úlceras intestinales y eleva las grasas de la sangre (especialmente los triglicéridos).
  Además, el consumo de alcohol (no hay nivel mínimo de seguridad) incrementa consistentemente el riesgo de cáncer de boca, faringe, laringe y esófago. Además, se relaciona con el desarrollo de cáncer de estómago, colorectal, hígado, mama y ovarios. Particularmente, beber cerveza a diario aumenta el riesgo de cáncer intestinal (colorectal).

  La cerveza puede contener aditivos, sorprendentemente las "sanas" cervezas "sin alcohol" o "0" son las que se llevan la palma. De todas las cervezas de este tipo revisadas para esta entrada, solo una, Estrella de Galicia  0.0, no tiene aditivos artificiales. Damm Free y Aurum añade jarabe de glucosa y/o fructosa, manía de edulcorar algo que debería saber algo amargo. La famosa y vendida Buckler 0.0 introduce hasta cuatro aditivos en su receta. Otras marcas populares como Amstel o Mahou tampoco quedan atrás a la hora de mezclar aditivos. Así que es muy recomendable revisar su "sana" cerveza "sin" o "0" para ver si se lleva una sorpresa. Si se encuentra una bebida en la calle y no conoce lo que es no se la bebería, entonces, ¿por qué va a hacer lo contrario con algo llamado E224, E330, E405 ó E414?, ¿acaso sabe lo que es?.

  De lo anterior, y por si alguien aún no lo sabía, beber alcohol mata, y además deteriora la salud y la calidad de vida de sus consumidores.

¿Cerveza durante el embarazo y lactancia?, ¿es seguro?

  Las intoxicaciones etílicas durante el embarazo producen abortos, partos prematuros, retraso del crecimiento y muerte fetal. Por lo tanto no se recomienda el consumo de cerveza, ni otras bebidas alcohólicas, durante el embarazo.

  No se ha demostrado que la ingesta de cerveza incremente significativamente la producción de leche materna. El consumo esporádico de pequeñas cantidades de alcohol no ha demostrado ser perjudicial en madres amamantando, aunque el traspaso de cerveza u otras bebidas alcohólicas a los niños a través de la leche materna deteriora su capacidad cognitivomotora.
  
  Es decir, tampoco se recomienda el consumo de cerveza ni otras bebidas alcohólicas mientras se amamante.



  En resumen, beber cerveza y otras bebidas alcohólicas ofrece un mínimo beneficio comparado con la inmensa cantidad de perjuicios para la salud. De aquí que no sea adecuado por parte de ninguna autoridad sanitaria o gobierno recomendar el consumo de cerveza u otras bebidas alcohólicas.


¿Negocio de cerveza?,¿qué papel juega usted?

  El precio mínimo de venta al público de la cerveza oscila normalmente entre 1-2 €/litro, casi lo mismo que el litro de zumo y el doble que el litro de leche. Pero aquí el producto básico es más barato (cereales) y el margen de beneficio se acerca al 75% del precio final. Comprende ahora ¿por qué vender cerveza está en manos de multinacionales?, o ¿por qué proliferan las cervecerías tradicionales, locales o caseras?, o ¿por qué existen franquicias de bares que disputan con la guerra de la caña más barata?. Con unos 200 g de cebada malteada se puede elaborar un litro de cerveza, ¿sabe cuánto cuesta esta cantidad de cebada?: no llega a 5 céntimos de euro, ¿a cuánto paga el litro de cerveza?: mínimo 20 veces más, un negocio redondo, como su michelín cervecero.


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miércoles, 13 de mayo de 2015

Yogur helado: descubre cómo te engañan


  Las temperaturas comienzan a ascender, las tardes se vuelven calurosas, y una forma clásica de hacerlas más soportables pasa por echar mano de un buen refrigerio. El helado ha sido uno de los más empleados con este fin, miles de años de historia gastronómica evidencian el uso de helados por las élites sociales, las únicas que podían permitirse el caro proceso de trasporte y almacenamiento de hielo durante el Verano. Con la Revolución Industrial comenzó la popularización de este producto, con un consumo que no ha hecho si no incrementar con los años.
  A finales del siglo XX, y debido a la epidemia de obesidad, un público cada vez más sensibilizado con su salud busca alternativas más saludables al helado tradicional. Los helados de yogur se postularon entonces como una opción “más sana” manteniendo el mismo objetivo refrigerante. De hecho, una de cada 5 personas sustituye ya el helado por el "yogur helado", un consumo que no hace sino crecer año tras año, y que explica la proliferación de sus centros de venta (“yogurterías”) por todo tipo de poblaciones.

¿Yogur helado o helado de yogur?
  Responder a esta pregunta nos dará un adelanto sobre su composición y efecto en la salud. El helado se hace con agua, leche (sin fermentar), nata o natilla, formando una crema a la que se añade luego azúcar u otros edulcorantes. El yogur helado se prepara con yogur (leche fermentada) más o menos edulcorada.
  La mayoría de recetas revisadas para este post sobre cómo preparar yogur helado incluyen la utilización del típico “yogur griego”. Un “yogur griego” estándar aporta unas 150-200 Kcal por envase (según si está o no azucarado), aproximadamente 10 g de grasas (3/4 partes son saturadas o “malas”) y 5 de azúcar (el doble o el triple en los azucarados). En las pocas recetas que no lo utilizan, si no yogur natural, se incrementa la composición grasa añadiendo nata y/o leche condensada para alcanzar el punto de cremosidad deseado. En cualquiera de los casos, el producto es edulcorado adicionalmente con azúcar refienada y/o miel antes de ser congelado. El resultado final es un yogur helado con tres o cuatro veces más energía que un yogur natural, a expensas de una gran cantidad de grasa saturada y azúcar añadido.
  El helado de yogur es otra cosa como hemos visto. Sobre una base de agua, leche (sin fermentar) o nata se añade o no algo de yogur, se edulcora y congela. Aquí se puede ver un ejemplo en un video sobre cómo se elabora (atención al minuto 2:30 del mismo). Miles de franquicias de yogurterías, con diseño minimalista y colores fluorescentes, venden sus helados de yogur preparados antes de ser consumidos. En su publicidad suelen emplear el eslogan de “yogur helado”, aunque más bien se traten de helados de yogur como ya avisaba la OCU.

Ejemplos de productos manufacturados vendidos como helados de yogur: izquierda con 1% de yogur y derecha con 40% de yogur

¿Es tan sano como parece?
Analizaremos las tres principales marcas de “yogures helados” o “frozen yogur”:


  Como se puede observar, el helado de yogur contiene muy poca grasa (normalmente se usa leche desnatada), incluso Ö!mygoog lo fabrica sin grasa. De esta forma, el aporte energético final es 1/3 ó 1/4 inferior a un yogur griego estándar. Sin embargo, destacan los 16 g de media de azúcar (equivalente a dos azucarillos) por tarrina pequeña, que explican el sabor dulce del producto, aquí Ö!mygoog es el que más azúcar contiene.
  El consumo de azúcar es uno de los hábitos nutricionales más relacionados con el desarrollo de obesidad y caries. La OMS aconseja limitar el consumo diario de azúcar añadido para que no aporte más del 10% de energía de la dieta (menos de unos 60 g para la ingesta media diaria española) para evitar el desarrollo de estas enfermedades. El azúcar contenido solo en la tarrina más pequeña de “yogur helado” tiene ¼ parte del máximo diario aconsejado. Un dato a tener en cuenta ya que la mayoría del azúcar consumido no proviene del clásico azúcar añadido a la leche, café o infusiones, si no que pasa desapercibido a nuestro radar nutricional enmascarado en otros alimentos que aparentemente no tendrían que tener azúcar, véase el post sobre pechuga de pavo o etiquetados. El “sano yogur helado” es un ejemplo más de este tipo de productos, ¿o acaso esperaba sinceramente que fuese de verdad saludable?
  
  Hasta aquí, nuestra “sana” tarrina de “yogur helado” tendría una media de 140 Kcal y ¼ parte del máximo diario recomendado de azúcar. Sobre esto, tendríamos que añadir lo aportado por los diferentes “toppings” disponibles en cada yogurtería, la media de toppings añadidos es de 2-3 por cada tarrina. Sumando el “splash” o baño de líquido de sirope, jarabe, caramelo, chocolate, etc.


  El listado de toppings es variopinto y oscila entre alimentos naturales como dados o raspadura de fruta, frutos secos troceados o fruta deshidratada; o productos manufacturados: jelly beans, KitKat, mininubes, MiniOreos, Lacasitos, M&Ms, Toblerone y un largo etc. Los “splash” de chocalate, caramelo, Nutella, vainilla, toffe, mocca, sirope, jarabe, etc completan los posibles añadidos de nuestro “sano yogur helado”. En ambos casos, productos con abundantes grasas saturadas (incluyendo nuestras queridas Trans), más azúcares refinados y una larga lista de aditivos artificiales. La tendencia actual es ofrecer un mínimo de coberturas “gratis”, y claro, ante esta palabra ya da igual si lo necesitamos o no, lo queríamos o no, la respuesta es “sí” en casi todo la gente, lamentablemente el recuerdo del sabor del añadido le dejará huella, y la próxima vez su cerebro garrapiñado lo tendrá aún más claro. 

  Acudimos con la intención de consumir algo que creemos más sano que el helado y nos llevamos finalmente un producto diferente. Una vez en la “yogurtería”, es más difícil que nuestra petición se base en el raciocinio, delante de los “toppings y splash” relajamos nuestra decisión y añadimos cosas guiados por el instinto y el impulso, una elección que puede comenzar de forma racional acaba transformada en algo emocional. 

  Los tres principales motivos, que no son excluyentes entre si, por los que acabamos escogiendo la opción del “yogur helado” son:
- la realidad es que queremos tomarnos un helado, pero no queremos engordar y preferimos cuidarnos.
- deseamos ser/aparentar modernidad-ser “cool”-estar de moda en ese local minimalista y llevar una llamativa tarrina por la calle para que nos miren, y todo el que pase piense “eh! Mira!, ese lleva un estupendo yogur helado.
- simplemente nos encanta el sabor del yogur y del  “yogur helado”
Excepto la última, entiendo que las dos primeras son un fraude, la primera por desinformación y la segunda por autoengaño.

  Finalmente vamos a valorar por qué hay una yogurtería a la vuelta de cada esquina del centro de cualquier tipo de población, y no es para satisfacerte a usted. Más bien es por su rentabilidad, se vende “yogur helado” a casi 2€ los 100 g, cerca de 20€/Kg, el mismo precio del jamón ibérico, el lomo de atún, la centolla o la mayoría de frutos secos ecológicos, ¿cómo estima ahora los 2.5-3€ que se deja en cada tarrina de “yogur helado”?, ¿intuye por qué le pueden “regalar” los añadidos?, o ¿por qué las yogurterías son de las pocas tiendas vecinas de cera del imperio Inditex o las grandes compañías de “fast food”?. Un gran negocio en el que usted juega el papel de un monedero con piernas al que se puede engatusar.

  No es mi intención anular el negocio de empresarios, cerrar “yogurterías”, incrementar el paro, tampoco espero frenar la economía de consumo. No existen alimentos buenos o malos, una “yogurtería” gratis en un campo de refugiados de Africa salvaría de la inanición a miles de personas, pero en países desarrollados en plena pandemia de obesidad  no hace si no potenciar un ecosistema obesigeno y mortal. Con esta entrada intento, como en otras ocasiones, explicar  aspectos  nutricionales básicos, prácticos y actuales, así como desmitificar alimentos vendidos con aura de sanos y que realmente no lo son.

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miércoles, 29 de abril de 2015

Frutos secos: si son tan sanos, ¿por qué engordan?


Actualizado 9 Mayo 2016

  Mientras me tomo mi puñado diario de nueces crudas observo a pocos metros a una señora sentada en un banco comiendose un paquete de pipas saladas, a pocos metros un señor en la terraza de un bar alterna su caña de cerveza con una tapa de almendras fritas con sal. Todos compartimos un mismo alimento, los frutos secos, pero el modelo de consumo difiere. Comer frutos secos puede ser un hábito saludable o todo lo contrario, como ya podrá intuir dependerá de la forma en que se haga. 

 ¿Qué es un fruto seco?
  Todos sabemos que los frutos son los órganos que contienen las semillas de los vegetales, la peculiaridad de los secos está en estar compuestos por menos de un 50% de agua. Muchos han adquirido evolutivamente una cáscara envolvente protectora dura o leñosa. Los más consumidos en España son las almendras (las que más), avellanas, cacahuetes, nueces y piñones. Los cacahuetes, frutos de un tipo de leguminosa (como las lentejas o la soja), son los preferidos por el resto de europeos.
  
  ¿Con qué no deberíamos confundir un fruto seco?
  Cualquier fruta puede ser desecada o deshidratada, reduciéndose su contenido en agua y pareciéndose en ésto a los que hemos visto previamente. Son ejemplos de frutas desecadas: ciruelas pasas, dátiles, uvas pasas, higos secos, albaricoques desecados (orejones); aunque el proceso de deshidratación puede aplicarse también a la calabaza, piña, mango, papaya, coco, plátano, etc.
  Al ser en su origen fruta, su composición y características nutricionales son diferentes a la de los auténticos frutos secos. Los frutos secos contienen más grasas, especialmente monoinsaturada, y proteínas frente a la fruta deshidratada que tiene más azúcares sin apenas proteínas o grasas, ambos comparten un elevado contenido en fibra.
Los higos secos tienen el triple de hidratos de carbono que las almendras, siete veces menos proteínas y la mitad de calorías.

¿Qué nos aportan los frutos secos?
  Una ración de frutos secos son unos 25 gramos de estos alimentos sin cáscara, esto es aproximadamente la cantidad que cabe en un puñado.
  Cien gramos de frutos secos (unos 4 puñados) aportan de media unas 500-600 Kcal/d (aproximadamente una cuarta parte de las necesidades energéticas de la mayoría de la población) debido a que apenas tienen agua y su alto contenido en grasa. El techo de energía es para los piñones (700 Kcal/100 g) y el suelo para la castaña (300 Kcal/100 g) y la bellota (390 Kcal/100 g). Esto es para un fruto seco crudo, no frito en aceite vegetal (aunque sea de oliva).

El proceso de fritura añade además toda la energía del aceite absorbido, cosa que no ocurre con el tostado.

Las almendras fritas contienen discretamente algo más de energía.


  Cuando comemos frutos secos, la mitad de lo que tomamos es grasa (insaturada en un 90%), y el resto se reparte entre proteínas (un 20%, aproximadamente como la carne) y carbohidratos (un 15%, mayoritariamente complejos).

  El verdadero problema aparece por la sal añadida tras la fritura. De esta forma, por cada 100 g de producto, se llega a la mitad del máximo diario recomendado de sal. Como vimos en el post sobre la sal, 3/4 partes de la sal ingerida diariamente proviene de alimentos procesados como el ejemplo que se trata aquí de los frutos secos fritos y salados. Los frutos secos tostados que se venden habitualmente no suelen tener sal añadida (recomendable revisar siempre el etiquetado).
  Por último, los frutos secos son una fuente importante de:
- fibra: según vimos en la entrada correspondiente, unos 10 g por cada 100 g de producto (las almendras y los pistachos de los que más).
- vitaminas del complejo B, menos B12.
- vitamina E.
- minerales: calcio, hierro, fosfato, magnesio, sodio, potasio, zinc. Cada uno importante para determinadas funciones específicas del organismo.
  Pero tampoco podemos equivocarnos y pensar que son súper-alimentos, ya vimos que no existen. Los frutos secos no tienen algunas vitaminas (B12, C, D, K) ni tampoco colesterol.

  Entonces, ¿los frutos secos engordan? Sí, "solo no engorda lo que no se come", pero como veremos más adelante su consumo regular se relaciona con menor peso corporal. En España, se comen frutos secos generalmente de forma esporádica y adicional, es decir, la mayoría de la gente los come algunas veces y sobre su dieta habitual. Sin embargo, no "engordan" si se comen diariamente y forman parte habitual de las comidas, reemplazando a otros alimentos con menos propiedades saludables, similar poder calórico, pero diferente composición.

¿Qué beneficios podemos esperar si comemos frutos secos?
  Evolutivamente llevamos millones de años en contacto con una alimentacion basada, entre otros, en los frutos secos. Así que no debería extrañar que su consumo regular ofrezca ventajas y beneficios a los individuos que realizan dietas "enriquecidas" en frutos secos.
  Los estudios epidemiologicos muestran una relación inversa entre el consumo de frutos secos y el peso, así como con el riesgo de acabar desarrollando obesidad. Las dietas enriquecidas en frutos secos no producen aumento de peso. De hecho, un gran estudio realizado en 120.000 personas demostró que el consumo regular de frutos secos se relaciona inversamente con el peso (- 1/4 Kg por cada 4 años), frente al incremento de peso de +1.5 Kg relacionado con el envejecimiento. En este trabajo, el aumento del peso durante años sucesivos se asoció especialmente a la ingesta de patatas fritas, patatas, bebidas azucaradas y carne, así que estos son con los que tendríamos que tener cuidado y no con los frutos secos. El descenso de peso se asoció además de a los frutos secos, al consumo durante años de fruta, verdura, granos enteros y yogur.

Junto al beneficio en el peso, existen otros efectos saludables:
- Reduce y mejora los niveles de grasa de la sangre: 
* 70 g (unos 3 puñados) de frutos secos al dia producen: descenso del colesterol total, colesterol LDL ("malo") y triglicéridos, especialmente en aquellas personas con mayores cifras de colesterol malo o con un peso normal.
* A 6 meses el consumo de frutos secos, semillas o aceites vegetales produce un aumento de los valores de la grasa "buena" (HDL) de la sangre.
* Las dietas enriquecidas en nueces, donde aporten un 15-20% de la energia diaria total, bajan el colesterol total y el "malo".

- Baja la tensión arterial y hace que seamos menos propensos a tener problemas de tensión arterial alta.
* Los frutos secos reducen la tensión arterial "máxima", especialmente los pistachos (reducen además la tensión arterial "mínima").
* La ingesta regular de frutos secos (3 o más raciones semanales) reduce el riesgo de desarrollar hipertensión arterial.

- Como consecuencia de lo anterior, no es de extrañar, que el consumo diario y regular de frutos secos reduzca el riesgo de muerte.


¿Cómo comemos frutos secos y cómo sería mejor hacerlo?
  Según hemos visto anteriormente, el beneficio de consumir frutos secos se consigue con cantidades mínimas de 3 puñados a la semana. La recomendación de las sociedades científicas es de ingerir entre 3 y 7 raciones semanales de frutos secos.
  Sin embargo, la ingesta media semanal de frutos secos no llega a las 3 raciones semanales (de media 2.6 raciones/semana). Teniendo en cuenta ésto, y que el consumo no suele ser regular, sino esporádico y acumulativo, de un producto frito y salado, no es de extrañar que la gente no obtenga ningún beneficio de comer frutos secos, peor aún, que aumenten de peso.
  El consumo diario de 3 ó 4 puñados de frutos secos crudos o tostados (sin sal) se engloba dentro de nuestra no practicada y anhelada dieta mediterránea. Otros tipos de dietas, como la vegetariana, también incluye una ingesta apropiada de frutos secos (40 y 90 gramos diarios). Otras comidas (carnes y pescados en exceso, bebidas azucaradas, bollería industrial, fritos, etc.) han suplantado a grupos de alimentos (fruta, verdura, legumbres y frutos secos) junto a los que hemos evolucionado, causándonos graves enfermedades como la obesidad, diabetes, alteraciones del colesterol y la tensión arterial.

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miércoles, 15 de abril de 2015

Alimentos integrales



Actualizado 29 Abril 2016
  A estas alturas todo el mundo sabe que los productos integrales son más beneficiosos que los elaborados con harinas refinadas, pese a esto, el consumo de cereales y derivados integrales sigue siendo anecdótico. El gasto medio familiar en estos productos no llega a una décima parte de lo empleado en alimentos refinados. Los motivos son culturales, una población que lleva siglos comiendo pan blanco no va a modificar esta costumbre de la noche a la mañana, el sabor del pan y harinas refinadas anida en nuestros cerebros desde las primeras papillas y chuscos de pan comidos en la más tierna infancia. Hemos sido educados y acostumbrados en el aspecto, olor, textura y sabor de lo refinado; lo raro sería que prefiriéramos lo integral.

  En España, el concepto de harina se reserva solo para el resultado de la moltura del trigo. Si no es así, debe ir seguida del cereal (distinto al trigo-triticum aestivum o durum) del que procede, por ejemplo, harina de arroz, harina de espelta, etc.

  Los granos de los cereales tienen tres partes, la presencia o ausencia de ellas en sus derivados determina que sean o no integrales:
- el salvado: la parte más externa compuesta de varias capas protectoras frente a las plagas y agentes metereológicos extremos. Contiene fundamentalmente la fibra y los minerales.
- el endospermo: zona intermedia del grano (85% del peso) que contiene los nutrientes para el crecimiento futuro del grano en la tierra. Alberga los carbohidratos, proteínas y parte de los minerales y vitaminas. De esta parte se produce la harina, por eso también se le llama "almendra harinosa".
- el germen: la zona más interna, contiene el embrión polinizado. La estructura del germen se diferencia por la presencia de grasa (poliinsaturada), aunque también alberga vitaminas.
Las tres partes del grano son ricas en el complejo vitamínico B: tiamina (B1), niacina(B3), piridoxina(B6) y folato(B9).


  La harina integral se elabora desde las tres partes del grano: germen, endospermo y salvado. Las harinas refinadas se producen eliminando mediante métodos físicos el salvado y el germen. La sémola se obtiene fundamentalmente desde el endospermo, son gránulos más o menos densos obtenidos en el proceso de formación de la harina, con un tipo de esta sémola se elabora la pasta.
  No son harinas integrales aquellas refinadas a las que se les añade posteriormente el salvado, y en esto recomiendo revisar el etiquetado de su producto integral preferido. De esta forma, algunos productos etiquetados como integrales no lo son realmente, provienen de harina refinada a la que se le añade salvado.

  En su origen, la harina fue integral durante milenios, no es hasta la especialización del proceso de moltura del grano cuando surgen las harinas refinadas. Por tanto, deberíamos de hablar exclusivamente de pan y harina (integral) o de pan refinado y harina refinada para referirnos específicamente a las más frecuentemente empleadas en la actualidad.

  Los dos tipos de harina tienen una gran similitud en el aporte energético, y en la cantidad de carbohidratos y proteínas. Sin embargo, la harina (la íntegra) contiene más grasa (2.5 veces más), fibra (4 veces más), vitaminas (entre 2 y 10 veces más de las del complejo vitamínico B) y minerales (unas 3 veces más) que la harina refinada. Esto explica que: 
- la harina (íntegra) se enrancie antes (por la grasa). Es uno de los motivos que encarecen el producto, aunque no el más importante ni el único como veremos a continuación.
- la harina (íntegra) sea un alimento básico en una dieta rica en fibra (con los beneficios que esto trae según vimos en post previo), son unos 10 g de fibra por cada 100 g de harina (la integra). Para un consumidor medio de 150 g diarios de pan (aproximadamente la media española) implicaría que podría obtener la mitad de la recomendación de ingesta diaria de fibra solo desde el pan.
- la harina (íntegra) tiene casi el doble de ácido fólico que la harina refinada, a tener en cuenta para embarazadas o mujeres que busquen embarazo a corto plazo.
- la harina (la integra) aporta 3.6 mg de hierro por cada 100 gramos de harina, una buena opción para aquellas personas con anemia por déficit de hierro. Con 150 g de pan (íntegro) diarios se cubren 2/3 partes de los requerimientos diarios de un varón adulto o de una mujer postmenopausica.
- la harina (íntegra) tiene unas 4 veces más zinc que la refinada, el déficit de zinc empobrece el espermiograma como vimos en el post sobre fertilidad.
- la harina refinada recién hecha es de color amarillento (por unos pigmentos que contiene), antiguamente se almacenaba hasta que se hacía completamente blanca por un proceso de oxidación. Hoy en día se emplean "blanqueadores" para acelerar este proceso: ácido ascórbico (E300, E301 y E302) y fosfato monocálcico (E341), los únicos aditivos autorizados en España para la harina (la harina de fritura permite algunos más). Es decir, la harina y panes refinados están mezclados con los famosos "E" o aditivos.

  Estas propiedades justifican los beneficios para la salud del consumo de alimentos integrales, especialmente en la reducción de enfermedades metabólicas y cáncer. El consumo de 45 g diarios (tres raciones) de granos completos produce una reducción relativa del 20% en el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2 y del 18% de padecer cáncer de colon.

  Entonces, si la harina (íntegra) está menos manipulada, ¿por qué es más cara? En primer lugar, todo el mecanismo industrial está depurado y optimizado para refinar harina y no para fabricar harina y productos integrales. Pero lo más importante es que la industria alimentaria obtiene beneficios de la venta de los derivados del proceso de refinamiento de la harina, por ejemplo mediante el comercio del salvado. El negocio es doble: cogemos la harina, la refinamos, le quitamos el salvado (con la fibra y minerales) y el germen (con la grasa), le vendemos su apetitoso pan blanco (y pobre en fibra), y para solucionar el estreñimiento que le genera el no comer fibra (o para que se sienta más sano) acabamos vendiendole el salvado directamente o indirectamente en productos "enriquecidos" en fibra (cereales del desayuno, barritas energética, etc). Finalmente, pagamos más por comer integral, el IVA del pan integral es del 10% frente al 4% del pan refinado.

  Además de la harina (íntegra, de trigo), existen otros tipos de harina, con pequeñas diferencias en sus propiedades, que en casos concretos pueden ser muy útiles, como aquellas que no contienen gluten para las personas con celiaquía. Recuerdo, que pese a toda la pseudociencia que afirma que el consumo de gluten es perjudicial para cualquier persona, el gluten solo es dañino para el grupo de personas que son alérgicas o padecen celiaquía. Además, un alimento sin gluten no quiere decir que sea más sano o "engorde" menos. El gluten permite la panificación de la harina, aportando elasticidad a la masa. Así, otras harinas que podemos encontrar son:

- harina de algarroba
- harina de almorta
- harina de amaranto
- harina de arroz
- harina de avena
- harina de acacia
- harina de castaña
- harina de cebada
- harina de centeno
- harina de espelta
- harina de garbanzos
- harina de guisantes
- harina de judías
- harina de kamut
- harina de mandioca
- harina de maíz
- harina de mijo
- harina de patata
- harina de quinoa
- harina de soja
- harina de sorgo


No solo se elaboran harinas de cereales, también las hay de legumbres, hortalizas y otros vegetales.

  Finalmente, merece la pena hacer unas aclaraciones sobre conceptos que se mezclan erróneamente en el saber popular:

- Integral no es marrón: solo con teñir de marrón (con melaza, colorantes, etc) un pan refinado se modificará su aspecto pero no su composición. Por el contrario, existen variedades de granos "albinas" que permiten elaborar productos integrales de tonalidades claras similares a las harinas refinadas. Además, existen harinas marrones refinadas como la de centeno, que cuando es integral es de un color marrón más intenso.
- Integral no es light. Con solo 25 Kcal menos por 100 g que la harina refinada (equivalente a medio yogur desnatado), no podemos confundir la harina integral con un producto bajo en calorías o que "engorde poco". Para que una harina fuese light tendría que tener un 30% menos de Kcal que la harina original de la que procede. La harina integral aporta 340 Kcal por 100 g de producto, lo que explica que el pan íntegro fuese el alimento sobre el que surgió nuestra civilización.
- Integral no es bio o ecológico. La agricultura ecológica se caracteriza por no emplear productos químicos ni organismos genéticamente modificados en la producción de alimentos. Existen cereales cultivados de esta forma, que suelen estar identificados apropiadamente en este caso en el etiquetado. Si embargo, la mayoría de cereales cultivados a nivel mundial no son ecológicos. Junto a lo anterior, para que un pan sea considerado ecológico, debe cumplir también que solo se empleen levaduras orgánicas (madre) y que no lleve aditivos (los descritos previamente).
- Integral no es gluten. El gluten es un conjunto de proteínas contenidas en algunos granos, fundamentalmente trigo (80% del peso), centeno, cebada, avena, espelta, escanda y kamut. Tanto las harinas integrales como refinadas de estos cereales contienen gluten, pero no todos los granos integrales tienen gluten, así el arroz, maíz, quinoa, teff, mijo, amaranto, sorgo y trigo sarraceno no contienen gluten, aunque el proceso de refinamiento de sus correspondientes harinas puede introducir gluten en ellos.

  Conocemos mejor que nunca los beneficios de los cereales completos y sus harinas (íntegras): la fibra, las vitaminas y los minerales que están en el envoltorio de los granos, y que se excluyen en el proceso de refinado. Hemos revisado el efecto sobre la salud de tomar más de 30 gramos de fibra diarios a partir de verduras, frutas, legumbres, semillas y granos.  Estamos condicionados para que el pan que más nos llame la atención en el expositor sea la hogaza más blanca y esponjosa (más bien llena de aire) de todas, con la corteza tostada y crujiente, o dicho de otra forma, el pan más refinado, manipulado e industrializado para satisfacer nuestros apetitos culturales, incompleto en sus características (sin salvado ni germen). A su lado, los panes íntegros o completos, oscuros y sólidos, auténticos alimentos que encierran todos los beneficios que hemos tenido ocasión de conocer.


   Desde este blog se intenta promover una alimentación consciente y saludable. Ofrecer la mejor información posible en términos asequibles permite mayor libertad en la toma de decisiones sobre la ingesta diaria.
 


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